Posteado por: Eduardo Escorcia | 21 junio 2011

El del barrio Las Colinas estrena una cancha que es la atracción del suroccidente.

Con la mirada metida en el caldero de aceite hirviendo, donde flotan los fritos que menea con un cucharón, ‘Kike’ asegura que él no sabe lo que es el aburrimiento porque de ‘pelao’ jugó de todo en su pueblo.

Dice que aún no olvida los partidos de fútbol a pies descalzos en las ardientes calles de Candelaria (Atlántico), o los clásicos de béisbol en los playones que en verano deja el río Magdalena, donde también voló cometas, bailó trompo y cazó pájaros.

Pero asegura que por su cabeza jamás pasó la idea de tener en sus manos una raqueta y, muchos menos, a los 45 años pisar una cancha de tenis.

Waldrín Enrique Amador Domínguez es el nombre de pila de ‘Kike’. Desde hace 9 años llegó a la ciudad y se quedó con lo primero que encontró: una venta de deditos y empanadas en la esquina del parque del barrio Las Colinas.

Allí detrás de su mesa de fritos encontró otro pasatiempo que hoy lo saca del aburrimiento: el tenis.

‘Kike’ es uno los contagiados con la fiebre del deporte blanco que se vive en este sector del suroccidente de Barranquilla, donde desde hace seis meses funciona una de las dos canchas públicas existente en la ciudad.

“Lo más difícil del tenis es dominar la raqueta”, dice, quien cuenta que aprendió mirando a través de las mallas y luego que unos vecinos tenistas notaron su interés y le dieron instrucciones.

Aprovechaba cuando no había clientes para dejar la olla de fritos y saltar a la cancha.

Ahora cada 15 días cuando descansa, se viene de Soledad, a practicar. No tiene pantalonetas, ni raquetas, ni zapatos deportivos como los que utiliza Rafael Nadal o Roger Federer, pero quizás las ganas de aprender y pasarla bien hacen que estos implementos no sean necesarios para él.

“El señor de la esquina me presta la raqueta, juego con los niños o sino le pego solo a la bola”, cuenta.

Plan de barrio

El parque del barrio Las Colinas tiene 26 años de construido, pero permanecía sumido en el abandono.

Su tamaño es de una hectárea y 140 metros, que en proporción es más grande que el barrio que lo componen 165 casas, repartidas en 3 calles y 7 carreras.

Loider Villa Villamizar es el líder comunal que lideró la recuperación del parque.

“Acordamos que el tenis, pensando en las niñas porque coincidimos en que es un deporte sin contacto físico y la persona puede desarrollar sus habilidades y destrezas físicas”.

El plan fue apoyado por el Distrito que destinó 300 millones de pesos para recuperar al parque. Con esos recursos se construyó la cancha de tenis, además de juegos infantiles, zonas peatonales y alumbrado.

Es además el único parque que tienen muchos niños a la redonda y es también es punto de encuentro de jóvenes y adultos.

La cancha de tenis, según Villa, es el nuevo atractivo del sector y es utilizado por unas 277 personas, entre las que se encuentran 55 niñas.

A la cancha llegan personas de sectores vecinos como Cevillar, San Roque, La Manga, en el sur; o de Paraíso, en el norte; también de Soledad. Es el caso de Amanda López, una estudiante de la Universidad del Atlántico. “No hay otro sitio gratis”, dice la joven.

El parque no ha sido inaugurado porque aún siguen las obras de recuperación, pero ya se benefician 246 adultos mayores de 60 años que viven a 500 metros alrededor, que como a ‘Kike’, les da oportunidad de no aburrirse porque, en sus tiempos de niños, cuentan con un agradable espacio para jugar y reencontrarse.

En la ciudad hay unos 180 parques y el único que tenía cancha de tenis pública era el Eugenio Macías, en la carrera 45 con calle 80, barrio El Porvenir en el norte. La intención es que se multipliquen.

El plan es cuidar la cancha

La idea ahora es traer profesores que enseñen a los interesados en jugar tenis, y crear así una escuela de futuros jugadores.

Loider Villa dijo que se cobrará una tarifa mínima para el pago de instructores y el mantenimiento del escenario, que tiene iluminación, encerramiento y está rodeado de una zona verde que se debe proteger.

“El que quiera venir le damos el espacio”, aclaró Villa.

LEONARDO HERRERA DELGHAMS
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
BARRANQUILLA

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